EN ESTA SEGUNDA TEMPORADA INCORPORARÉ UNA NUEVA SECCIÓN. LA HISTORIA RELATADA. UNA VISIÓN DE LA CARA B DE ALGUNOS TROZOS DE HISTORIA. INTENTARÉ DAR UN NUEVO PUNTO DE VISTA A SUCESOS QUE HASTA AHORA PARECÍAN PERFECTAMENTE EXPLICADOS.

EN ESTE PRIMER RELATO CONTAREMOS LA HISTORIA DE UN GRUPO DE PILOTOS QUE SUFRIERON LO INDECIBLE DURANTE UNA MISIÓN SIN RIESGO NINGUNO. O AL MENOS ESO LES DIJERO. OS DEJO CON LA OTRA HISTORIA DEL VUELO 19.

 

1

El teniente Charles Carroll Taylor, de 28 años de edad, entraba en la sala de reuniones de la base de Fort Lauderdale, ubicada en la florida de los Estados Unidos, cuando pudo ver al cabo Kosnar charlando fogosamente con el teniente Arthur Curtis.

     -          Señor, ya he cumplido este mes mis horas de vuelo. De veras hoy no me encuentro en condiciones para realizar el entrenamiento.

     -          ¿Y a qué se debe eso? Tenga en cuenta que sólo es una misión de reconocimiento. Nada fuera de lo normal. Pura rutina. -decía el teniente en tono conciliador para tratar de disuadir al cabo para que tomara parte en la misión.

     -          No lo se realmente. Estoy algo nervioso. Alterado diría yo. Además anoche no pude descansar bien señor. Le ruego me permita ausentarme.

     -          De acuerdo. No creo que el teniente Taylor objete nada al respecto. Al fin y al cabo, lo marcado para hoy no es nada del otro mundo. Puede retirarse cabo.

     -          Gracias señor. -dijo alto y claro Kosnar cuadrándose ante su superior.

El cabo abandonó la sala aliviado. Mientras, en el interior aun de la misma, el teniente Taylor anotaba la fecha del día en su cuaderno de bitácora para dejar registradas todas las incidencias del vuelo: 5 de Diciembre de 1945. Tras cerrar de golpe la libreta y quedarse ensimismado observando las tapas de la misma abandonó la sala de reuniones.

Con todo ya listo, los catorce componentes de la misión, fueron llegando a la pista de despegue donde cinco TBM Avenger esperaban con los motores aun apagados. El teniente Curtis se aproximó al grupo y les dijo en un tono duro, típico de alguien con mando dentro de un grupo:

     -          Recuerden las instrucciones señores. Es un vuelo de rutina. Su primer objetivo será un armazón de cemento situado al sur de la isla de Bimini a 257 kilómetros de la base. Una vez allí el simulacro de bombardeo durará veinte minutos. Ni uno más. Desde allí, y tomando dirección Cayo Great Sail, regresarán a la base. ¿Lo han entendido?

     -          ¡Señor, sí señor! - gritaron la unísono todos y cada uno de los catorce componentes de la misión.

Justo antes de subir a los aparatos, el teniente Taylor reunión a los otros cuatro pilotos.

     -          Joseph, Forest, George, Edward. Tened cuidado. Mucho cuidado. - el tono apesadumbrado de su compañero hizo que sus cuatro súbditos se miraran con cara de preocupación.

Charles Carroll Taylor fue el primero en arrancar el motor de su Avenger. Comprobó que todo estaba en orden. Por último, abrió su cuaderno de notas y en él, justo debajo de la fecha que había escrito anteriormente, garabateó con trazo nervioso: meteorología favorable, hora de partida 14:00. Y así, el primero de los cinco aviones despegó dejando tras de sí la pista de Fort Lauderdale.

2

Tras aproximadamente una hora y media de vuelo sin ningún tipo de incidente, Taylor entró en comunicación con la base de Banana River, que era la base que, en aquellos momentos y debido a su actual posición, debía mantener el contacto con los bombarderos.

     -          Atención base. Aquí el teniente Charles Carroll Taylor al habla. Parece que nos hemos desviado de nuestro rumbo. No vemos tierra. Repito: ¡no vemos tierra por ningún lado!.- espetó un nervioso teniente Taylor como queriendo recibir una solución de inmediato.

     -          Tranquilícese teniente. Tomen rumbo hacia el oeste. Repito viren hacia el oeste.

     -          Base, ¡no sabemos donde coño estamos! ¡No vemos nada! ¡El mar está blanco! ¿Base? ¿Me recibe?

Nada. Sólo interferencias.

Mientras Taylor trataba, infructuosamente, de orientarse, abrió comunicación con dos de los otros cuatro pilotos de los Avenger.

     -          Edward, George, tratad de poneros en contacto con Banana River. Yo no lo consigo. Sólo oigo estática. Cambio. - y pulsó el botón del intercomunicador.

     -          Entendido teniente. Nos ponemos a ello. Cambio.

     -          Base. Aquí el capitán Edward Powers. No sabemos donde nos encontramos. Solicitamos instrucciones. Repito: ¡no sabemos donde estamos! ¡Estamos completamente perdidos!

Era inútil. Los cinco TBM Avenger habían perdido todo contacto con Banana River. Sin embargo, el teniente Cox, el cual estaba realizando un vuelo de reconocimiento alrededor de la base de Fort Lauderdale, pudo captar el mensaje del capitán Powers.

     -          Aquí el FT 74. Señale su posición para que pueda enviar a alguien en su ayuda. ¿Me recibe capitán Powers?

     -          ¡Me es imposible! ¡Mis dos compases están fuera de servicio! ¡No paran de girar descontroladamente! - gritaba mientras, desesperadamente, golpeaba repetidamente los instrumentos de navegación de su aparato.

De repente, y sin previo aviso, una voz temerosa, entrecortada, con dificultad para controlar la respiración se coló en las comunicaciones.

     -          Capitanes Edward Powers y George Stivers. Ya se dónde estamos. - Hizo una prolongada pausa y dijo casi sollozando. - Que nadie acuda a nuestra posición. Es una orden. - Otra pausa. - Corto.

Tanto el teniente Cox, como en Fort Lauderdale, así como en Banana River, trataron de recuperar la comunicación con sus pilotos. Intentaron que Taylor cambiara la frecuencia de comunicación a la banda de emergencias. Imposible. Silencio.

A las 19:04 del 5 de Diciembre de 1945 se dio por perdida toda comunicación con los TBM Avenger.

Inmediatamente, a las 19:30 horas, desde la base de Banana River se envió un Martin Mariner PBM5, apodados "depósitos de gasolina volates" ya que se utilizaban para permitir el repostaje a otros aviones, para surcar los cielos en busca de los aviones desparecidos. Minutos más tarde se desintegró en los cielos tras una gran explosión quizá debido a las elevadas temperaturas y al combustible que éste portaba en su interior. Pero al mismo tiempo que la explosión del Martin Mariner, como si la providencia tratara de agotar todas las opciones, los portaviones USS Salomon y SS Delaware, divisaban cinco aviones en formación.

     -          Aquí el USS Salomon. Estamos divisando cuatro o cinco aeronaves volando en formación. ¿Me reciben Banana River?

     -          Alto y claro USS Salomón. Confirmaremos su transmisión con la del portaviones SS Delaware. Esperen instrucciones. Cambio y corto.

A partir de ahí nada más. Los Avenger sobrevolaron ambos portaviones como si no les hubieran visto. Como si no hubieran divisado las moles de diez mil metros cuadrados surcando las aguas del Pacífico. Simplemente pasaron de largo, haciendo caso omiso a las señales luminosas que se les lanzó para que aterrizaran en la estructura.

Sin embargo, al filo de la medianoche, varios guardacostas informaban por radio de la presencia en el cielo de bengalas de emergencia. Nadie hizo nada. La armada estadounidense hizo caso omiso a aquella información. De ese modo, de cara a la opinión pública, se cerraba el capítulo de los TBM Avenger.

3

Meses más tarde, la investigación, por parte del ejército, de la desaparición de los Avenger continuaba sin esclarecerse. Pero para eso estaba la mujer del teniente Charles Carroll Taylor, Joan. Para no darse por vencida e intentar resolver la desaparición de su marido y de sus compañeros. Esta mujer, tenaz y valiente donde las haya, envió una misiva dirigida al amigo, y en aquel entonces compañero de su marido Arthur Curtis.

            Estimado Arthur:

            Me dirijo a ti con la esperanza de que puedas responder al interrogante que me lleva quitando el sueño las últimas semanas. ¿Por qué la investigación ha sido clasificada como  alto secreto? ¿Qué le sucedió a mi marido y a sus compañeros, todos ellos ciudadanos norteamericanos, que no podamos conocer?

            Charles confiaba en ti. Te tenía gran aprecio. Por ello, espero que seas digno de esa confianza y me digas DÓNDE SE ENCUENTRAN. Aquellos aviones no desaparecieron. Sea franco. Sólo quiero conocer el paradero de mi esposo.

            Se despide,

            Joan Taylor.

 4 

El teniente Arthur Curtis estaba sentado en su sillón de terciopelo rojo en el despacho de su residencia en las inmediaciones de Fort Lauderdale. Abrió lentamente el sobre, en cuyo remite estaba plasmado el nombre de Joan Curtis, mientras su frente estaba quedaba perlada por unas gotas de sudor fruto del nerviosismo de no saber qué se iba a encontrar. Una vez finalizó de leer la misiva, la arrojó al fuego de su chimenea. Se incorporó y comenzó a pasear distraídamente por la habitación. Se detuvo junto a la ventana y observó cómo la lluvia caía intensamente en su jardín. Se mesó su poblada barba grisácea lentamente y se dirigió a su escritorio. Sacó del mismo un papel en blanco con sus iniciales en el encabezado y comenzó a escribir.

            Querida Joan:

            No puedo decirte, qué mas quisiera yo, donde está Charles. Jamás lo entenderías.

            Con afecto,

            Arthur..

5

El teniente Taylor estaba radiante. Su voz desprendía alegría y felicidad.

     -          Al habla el teniente Taylor. Solicito permiso para aterrizar. Misión concluida... al fin.

     -          Identifíquese teniente. No tenemos programado ningún tráfico aéreo.

La cara del piloto se tornó en un tono pálido, casi cerúleo.

     -         ¡Déjese de bromas! ¡Vamos a aterrizar de inmediato! - aunque su voz quería parecer firme sabía de sobra que algo no marchaba bien.

Finalmente los cinco TBM Avenger tomaron tierra sin mayor consecuencia. Sin embargo varios soldados les estaban esperando con varias patrullas. Al descender de las aeronaves fueron raudos en esposarlos. Los introdujeron en los vehículos y los llevaron con el general al mando.

Ninguno de los pilotos daba crédito a lo que estaba sucediendo. De nada habían servido las explicaciones que habían dado a aquellas personas uniformadas de un modo distinto al que recordaban. Por fin penetraron en el despacho de la persona que, seguramente, les sometería a un duro interrogatorio. Taylor echó un rápido vistazo a la habitación. De izquierda a derecha. De pronto su corazón parecía habérsele helado. Abrió los ojos todo lo que pudo como si tratara de visualizar mejor aquello. No podía ser. Era imposible. Desobedeciendo las órdenes que le estaban dando avanzó dos pasos rompiendo la formación que guardaba con el resto de sus compañeros. Se acercó a la pared todo lo que pudo hasta que no tuvo duda de lo que marcaba aquel calendario. La fecha que indicaba era 23 de Octubre de 2009.